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Aulas Activas 2003

I.E.S. Ribera del Duero

Lunes, 10 de marzo

3 de febrero de 2022, por Arturo J. Murias

Diario de actividades

Salimos de Roa hacia las 8.40 y llegamos a Villamanín unas cuatro horas después, lo que significó que tuvimos que esperar hasta las cuatro de la tarde, hora a la que, como estaba previsto, llegaron los monitores. Nos dijeron que éramos el único grupo que iba a estar en Villamanín durante este turno, lo que provocó una cierta decepción.

En cualquier caso, por fin pudimos subir a las habitaciones, y tras ponernos el calzado adecuado y coger los cuadernos, salimos al campo.

Paramos en primer lugar en un pinar de pino silvestre, donde escuchamos los sonidos del bosque: el viento, las aves, el crujir de las ramas, los cencerros de las vacas... Después, en lo alto de un pequeño cerro (el Alto Villamanín), los monitores nos entregaron unas brújulas, nos enseñaron a utilizarlas, nos explicaron cuáles eran los montes y los pueblos que se veían, e hicimos un dibujo para orientarlos respecto de los puntos cardinales, y así poder conocer bien el terreno por el que nos íbamos a mover en los días siguientes. Creo que, como primera actividad, fue todo un acierto.

Y a las ocho, vuelta al albergue: ducha, tiempo libre y cena, y tras ello, a través de un juego en el que los alumnos tenían que encontrar las piezas de un rompecabezas, pudimos conocer el origen del escudo de Villamanín: esa historia del abad Pedro, los dos bueyes y el oso que acabó siendo uncido bajo el yugo para hacer el trabajo del bóvido al que mató: ni más ni menos que contrbuir con su fuerza bruta a acarrear la piedra que iba a permitir la construcción de un hospital de peregrinos junto a la colegiata de Santa María de Arbás. Y es que el territorio en que nos encontrábamos se halla justo en medio de uno de los múltiples ramales del Camino de Santiago, el que permitía tanto a los viajeros asturianos descender al Camino Francés a la altura de León, como a los que transitaban por este último subir hasta Oviedo a visitar al Salvador. Y doy fe de que algunos lo siguen haciendo; así pues, ¡Ultreia y Suseia!

Fin de la jornada. ¿A la cama? No exactamente... al menos no todavía. Ya me hubiera gustado a mí.

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